Sobre la resistència popular a Palestina
Nova
04-03-2011
A lo largo de la historia de Palestina, la resistencia popular ha tomado muchas formas. Ya desde la época de la colonización británica, en abril de 1936, el Hajj Amin al-Husayni declaró una huelga general, que duró seis meses, en contra de la autoridad del mandato británico, pidiendo poner fin a la inmigración de judíos en Palestina. Como reacción, los británicos armaron una fuerza policial judía para los asentamientos; y al no conseguir aplacar las sublevaciones palestinas, convocaron a una conferencia en 1939, que desembocó en el establecimiento de límites a la inmigración judía en Palestina –se fijó una cuota de 15,000 inmigrantes por año-. Posteriormente, como respuesta a la limpieza étnica desatada en 1948, la Liga Árabe suspendió las transacciones de comercio y financiamiento entre Israel y los estados que la conformaban.
La última brutal ofensiva israelí en la Franja de Gaza fue un fuerte golpe que activó la movilización de la sociedad palestina y la comunidad internacional contra la agresividad del ejército israelí y sus violaciones constantes a los derechos humanos y a la legalidad internacional. La resistencia popular ha tomado más fuerza y popularidad en todo el mundo, brindando apoyo al pueblo palestino. Es así como, han habido manifestaciones de miles de personas en casi todos los países del mundo, condenando el genocidio que Israel llevó a cabo; e incluso, muchos estudiantes en varias universidades europeas y americanas, decidieron tomarse sus casas de estudios, para exigir a sus administraciones el apoyo al pueblo palestino y la condena a los ataques contra la población palestina. Estos ataques han significado una razón de peso para movilizar a la sociedad civil y para reforzar las campañas que apuestan por el boicot en todos los niveles, como una estrategia no violenta para luchar contra el sistema de apartheid israelí.
A lo largo de la historia de Palestina, la resistencia popular ha tomado muchas formas. Ya desde la época de la colonización británica, en abril de 1936, el Hajj Amin al-Husayni declaró una huelga general, que duró seis meses, en contra de la autoridad del mandato británico, pidiendo poner fin a la inmigración de judíos en Palestina. Como reacción, los británicos armaron una fuerza policial judía para los asentamientos; y al no conseguir aplacar las sublevaciones palestinas, convocaron a una conferencia en 1939, que desembocó en el establecimiento de límites a la inmigración judía en Palestina –se fijó una cuota de 15,000 inmigrantes por año-. Posteriormente, como respuesta a la limpieza étnica desatada en 1948, la Liga Árabe suspendió las transacciones de comercio y financiamiento entre Israel y los estados que la conformaban. Este boicot se desarrolló, básicamente, de tres maneras:
1. Prohibición del comercio directo y relaciones entre Israel y los estados de la Liga Árabe.
2. Boicot a las compañías internacionales que tenían negocios con Israel.
3. Elaboración de una “lista negra” con las empresas que comerciaban con compañías que, a su vez, realizaban negocios con Israel o mantenían capital de origen israelí.
A partir de 1948 hubo un gran movimiento árabe contra el sionismo, cuestión que duraría hasta el año 1977, cuando países como EEUU y Canadá empezaron a presionar para acabar con el boicot y, más tarde, a promover las negociaciones de paz.
Durante la primera Intifada, la resistencia popular tomó mucha fuerza, fue una lucha que incluyó políticas de enfrentamiento contra soldados y colonos israelíes, acciones de desobediencia civil, y la reorganización de la sociedad civil por medio de comités populares de solidaridad y asistencia mutua responsables, especialmente, del suministro de alimentos, educación y salud. Beit Sahour, un poblado cerca de Belén, constituye un gran ejemplo de lo que fue la lucha popular organizada en ese entonces; la acción principal ocurrió cuando, entre 300 y 400 personas, en un acto conjunto, devolvieron sus documentos de identidad israelíes. Inmediatamente, el ejército reaccionó y arrestó a 23 personas, amenazando con deportarlos, ya que para ellos, aquel palestino que no tenía la tarjeta de identidad era considerado un residente ilegal en los Territorios Ocupados. Finalmente, por medio de acuerdos con el Municipio, Israel devolvió todas las tarjetas de identidad a cambio de la liberación de prisioneros. Otro suceso, ocurrió en 1989, cuando todos los habitantes del pueblo se negaron a pagar los impuestos a Israel, a pesar de que las fuerzas de ocupación, en represalia, declararon un toque de queda por 42 días, detuvieron a unos 40 habitantes, cortaron las líneas telefónicas y confiscaron muchas propiedades de familias palestinas. Las medidas adoptadas por Israel incentivaron aún más la resistencia, y así se comenzó un boicot hacia todos los productos israelíes a través de la creación de un sistema económico autogestionado e independiente. De este modo, continuó la resistencia en este poblado, como también en las otras comunidades palestinas, hasta que, en 1995, la Autoridad Nacional Palestina tomó el poder en los territorios ocupados tras el proceso de negociación de paz que había comenzado en 1991.
Justo después del fracaso de las negociaciones de paz entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel y al comienzo de la Segunda Intifada, las instituciones y organizaciones de la sociedad civil palestina empezaron a hacer un llamado para boicotear a Israel y adaptar esta estrategia como un modo no violento de luchar contra el sistema del apartheid y ocupación israelí. En septiembre de 2001, alrededor de 3000 organizaciones civiles de todo el mundo se reunieron en África con motivo de la Tercera Conferencia Mundial contra el Racismo. Fue allí, en Durban, donde acordaron adoptar los métodos que utilizó el movimiento de liberación de Sudáfrica en su lucha contra el apartheid como estrategia para la liberación de Palestina. Así, montaron un programa de actividades de repudio al racismo y a la discriminación perpetradas en el conflicto palestino-israelí, incluyendo el rechazo a las discriminaciones efectuadas por el ejército israelí, a la denegación del derecho al retorno de los refugiados y al desplazamiento interno de las personas expulsadas de sus hogares y propiedades. De hecho, en agosto del 2002, una gran coalición de la sociedad civil palestina hizo un llamado para articular una campaña global de boicot a Israel.
En octubre de 2003, académicos e intelectuales palestinos de los Territorios Ocupados y de la diáspora llamaron a sus pares de la comunidad internacional a boicotear las instituciones académicas israelíes; logrando en abril de 2004, establecer una campaña de boicot académico y cultural (PACBI). Un año después, en el 2005, se realizó un petitorio conjunto, representado por los refugiados palestinos en el exilio, los palestinos de Cisjordania y de la Franja de Gaza y los palestinos ciudadanos del estado israelí, invitando a las organizaciones de la comunidad internacional y a todas las personas dispuestas en general, a boicotear al Estado de Israel y a implementar iniciativas que impliquen su desinversión. Esta campaña fue adoptada el mismo año por la Conferencia Internacional de la Sociedad Civil, convocada por Naciones Unidas, como una forma de acabar con la ocupación en Palestina.
Hoy, después de 9 años de la segunda Intifada, el pueblo palestino sigue luchando día a día contra la construcción del muro de la segregación, la confiscación de tierras, la usurpación de bienes -incluso de árboles-, la humillación en los «checkpoints» y las restricciones ilegítimas a la libertad de movimiento. Los ataques de Gaza despertaron al mundo y hemos visto a varios países como Venezuela, Bolivia, Qatar y Mauritania cortar sus relaciones diplomáticas con Israel y expulsar a sus embajadores. Por su parte, las jóvenes han empezado a actuar dentro de su círculo, organizando manifestaciones y pidiendo a diferentes instituciones el apoyo a la sociedad palestina. En efecto, han solicitado a las universidades, por un lado, el otorgamiento de becas a estudiantes de Gaza, y por otro, que se pronuncien condenando los ataques israelíes; incluso, que suspendan sus programas de intercambio con universidades israelíes, como una forma de protestar contra todas las violaciones a los derechos humanos y de presionar al gobierno israelí para cambiar su política y sistema de apartheid.






